Sobre el Abuelo

by darribas

Recuerdo que un amigo americano me contó una vez cómo se enteró de la muerte de uno de sus cantantes favoritos de la juventud: “en aquella época yo vivía en Barcelona y, una mañana, mientras salía del metro de Sants camino de la universidad, vi de pasada el USA Today, con una foto en grande de su cara y pensé: ‘sólo hay una razón por la que USA Today abriría con esa portada…'”. Algo parecido me ha pasado cuando he leído el segundo comentario consecutivo acerca de Labordeta en Facebook o Twitter esta mañana. Creo que, tal como está el mundo hoy en día, lo mejor que podemos hacer para cambiarlo es  intentar que él no nos cambie; y lo mejor que podemos hacer por otros es ser ejemplo de aquello en lo que creemos. Siempre he pensado en esto sin Labordeta en la mente, pero la verdad es que me cuesta encontrar unas palabras que definan mejor la impresión que tengo de él.

Es curioso lo que puede llegar a influir una persona que nunca has conocido en persona. Para mí, siempre será la música de fondo que mi padre ponía (aún a regañadientes de mi hermano y míos entonces) en el casette del coche los domingos mientras bajábamos a Zaragoza después de un fin de semana en Biescas; o las canciones a las que siempre volvíamos con mis amigos en las primeras escapadas de adolescentes al Pirineo. Desde luego que no la única y probablemente no la más importante, pero ha sido una de las personas que me ha enseñado a amar la tierra de donde soy y sentirme siempre orgulloso de donde vengo allá por donde viajo. Decía el poeta que “la verdadera patria del hombre es la infancia” y, por ello, sé que siempre nos unirá ser compatriotas de algo que ya no existe. El mundo se nos está quedando huérfano de buenas personas.

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