2007

by darribas

Acabo de llegar de Suecia, donde he pasado buena parte de estas fiestas. Además de ser un país precioso de por sí, con encanto añadido por la nieve invernal, le tengo cierto cariño personal porque en viví unos cuantos de los momento más felices de mi vida entre 2005/06. Era la primera vez que volvía desde aquel 29 de junio en el que un avión me trajera de vuelta a casa, a “la de verdad” (creía yo). Desde luego han sido unos días muy especiales por un montón de razones, pero creo que buena parte de las impresiones de este viaje me las quedaré para mí mismo, al menos por un tiempo, hasta que las procese convenientemente y pueda pensar algo más en frío.

Sin embargo, también han sido los últimos días de un 2007 que se va y primeros de un 2008 todavía incierto para mí. Llevaba un tiempo dándole vueltas a un texto que reflejara qué soy ahora y qué me diferencia de lo que era hace 365 días y, finalmente, entre esperas de aeropuerto, noches de “dark-lag” en el centro de Suecia y un par de vueltas más a la cabeza, pude escribir las siguientes líneas que, sin dejarme contento del todo, pueden dar una idea. Os gusten o no, lo que no podeis reprochar es que no vengan de dentro de verdad. Este ha sido mi 2007, para bien y para mal.

Creo que este año lo he hecho mejor. Como economista, supongo que cada vez que se acercan estas fechas no puedo evitar aplicar algo parecido a un análisis “coste-beneficio” al año que se va y ver qué he sacado en claro, qué se ha perdido en el camino y (¿cómo no?) cuál ha sido el precio a pagar por ello.

Sí, en estos 365 días que ahora despido he viajado más Km que ningún otro año anterior, he conocido personas increíbles de las cuatro esquinas de este planeta y me he dado cuenta de que, si uno quiere, la distancia importa, pero poco. Además, también me he tatuado, lo que cierra un círculo que pone fin a uno de los viajes más largos en los que jamás me haya embarcado. Cierto pero, ¿qué me llevo de todo eso? ¿qué han significado todos los aviones, cafés y mails? ¿todas esas canciones compartidas, películas y páginas leídas? ¿cuál es el poso que la adrenalina del “aquí y ahora” ha dejado para que el barbudo que ahora escribe estas líneas sea diferente del chico que, hace ahora un año, lloraba por dentro al ritmo de “Un largo Diciembre”?

Yo diría que el gran cambio es que, por primera vez, siento que soy yo el que verdaderamente empieza a decidir por mi. En la vida hay dos tipos de lecciones, las que puedes leer y las que, por mucho que te cuenten, sólo aprendes una vez las vives y las sientes por dentro; y esta es una de las del segundo grupo.

A lo largo de este tiempo me he dado cuenta de que cada viaje que hago, cada persona que encuentro en el camino o cada aventura nueva en la que me veo envuelto me definen un poco más, y que es gracias a ellos que quien escribe esto es un poquito más él mismo que quien escribía hace doce meses. Por eso siento que tengo que continuar mi proyecto personal de conquistar el mundo (el mío, al menos); porque, sólo así podré encontrarme a mi mismo y, sólo así, podré alcanzar la libertad de vivir mi propia vida y no una de alquiler diseñada en serie por otros.

Todavía no sé dónde quiero estar mañana, y tampoco 2007 ha sido el que me ha enseñado que la vida es mejor si se comparte con otra persona. Pero sí me ha mostrado que el retrato que yo quiero de mi mismo sólo puede salir de un lapicero, el mío, y me ha enseñado cómo (como sea). Y, “sólo” por eso, ya creo que lo he hecho mejor.

Invierno 07/08

 

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