Kimchi, puzzles y peines [Spanish version of “Kimchi, jigsaws and combs”]

by darribas

Finalmente he podido sacar unos minutillos para pasar al portátil el texto que tenía escrito en mi libreta de viajes desde el vuelo Seoul-Madrid y del que ya colgué la versión inglesa en su día. Para aquellos que leeis español, esta es la realmente original, lo que salio de muy adentro en aquel avión:

“Es increíble lo rápido que pasa el tiempo cuando uno es feliz. Recuerdo como si fuera ayer el día que aterricé en Korea: en mi diccionario particular no aparecía la entrada “Kimchi”, comer con palillos no era sino una experiencia cultural como lo puede ser visitar un museo y el coreanome recordaba más a mis clases de geometría en la escuela que a un lenguaje escrito. No tenía ni idea del lugar al que acababa de llegar. Pero tenía algo que, visto una vez todo se ha terminado, es mucho más valioso: tenía tiempo por delante para descubir y aprender.

Después, tuve la oportunidad de conocer gente maravillosa con la que, paso a paso y momento a momento, fuimos rellenando un puzzle que, el primer día, parecía irresoluble. Juntos, colocamos piezas hechas de barro, cerámica, o hielo picado con trozos de fruta esparcida; piezas con caracteres hangul, historia contemporánea o jarrones de la dinastía Joseon; también, como no, piezas de viernes noche que sonaban a hip-hop y sabían a sohu. Todo tenía su lugar, incluso se nos coló alguna “made in China”. Cantamos felices en karaokes, ajenos al hecho de que, con cada canción, la fiesta estaba un poco más cerca del final.

Esta mañana me he despedido de los últimos supervivientes que han arañado unas horas a su neuva rutina de vida para estar conmigo hasta el final. Nunca supe decir adios, y la palabra “gracias” es demasiado pequeña para contener todos los sentimientos y sonrisas que me gustaría meter entre la “g” y la “s”. Sólo me consuela saber que, si un tipo decide no dormir la noche anterior a su primer día de clase para estar conmigo, significa que, al menos un poquito, se lo ha pasado bien junto a mi.

Cuanto más viajo, más me convenzo de que uno sale realmente de su lugar de origen y se convierte en ciudadano del mundo cuando es capaz de ser feliz en un lugar lejano y con gente de cualquier rincón del planeta. Hablo por mi, aunque creo que hay un poquito de todos si digo que este mes que ahora termina nos ha hecho un poco más habitantes de esta gran aldea global que nos ha tocado vivir.

En España decimos que la experiencia es un peine que te da la vida una vez te has quedado calvo. Hoy, “Kimchi” llena unas cuantas líneas en el diccionario de mi vida; los palillos son como una prolongación de mi mano a la hora de comer; y el coreano es algo que, al menos, puedo leer cuando lo veo escrito. Pero ya no tengo tiempo, y en mi puzzle sólo queda un espacio por rellenar reservado para las lágrimas que me ha costado escribir estas líneas. Pero estoy contento porque sé que, cuando lo cuelgue en mi habitación de los recuerdos y lo mire podré pensar: sí, yo estuve allí y fui feliz.”

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